ROMPECABEZAS TZINTZUNTZAN

tzintzuntzan

La ciudad prehispánica de Tzintzuntzan, ubicada en la ribera del lago de Pátzcuaro, fue sin duda una de las poblaciones más importantes a la llegada de los españoles en el siglo XVI. Era la capital del Señorío Tarasco y desde aquí se tomaban las decisiones políticas, económicas y religiosas más importantes de un amplio territorio. En ella residieron los señores Uacúsechas —señores águilas—, líderes de esta importante jurisdicción, quienes gobernaron a través de una dinastía hereditaria. Tzintzuntzan funcionó como “capital del imperio y de la cuenca”, y fue residencia real del irecha, sitio ritual-estatal, mercado regional y responsable de una cuantiosa producción artesanal básica, ritual y de élite.

La particularidad de la conquista de Michoacán, la cual fue pactada en su parte más significativa, hizo de esta ciudad un lugar donde durante buena parte del siglo XVI convivieron la nobleza tarasca y los conquistadores españoles en el antiguo emplazamiento de la ciudad, hasta que ésta fue traslada a las partes bajas hacia finales del siglo XVI. Ello convierte Tzintzuntzan en un lugar único para el estudio de la transición de las sociedades prehispánicas a las del periodo virreinal temprano.

La antigua ciudad de Tzintzuntzan se distribuye en amplias terrazas y grandes plataformas que se van acomodando en las laderas de los cerros Yarahuato y Tariaquere, sobre las que se desplantan relevantes estructuras arqueológicas. Al momento de la llegada de los españoles se calcula que tenía una población de aproximadamente 30,000 personas. Sobre la antigüedad de la ciudad aún se tienen muchas dudas, pero por los materiales recuperados en las excavaciones y con las tipologías de que se dispone actualmente, hubo una ocupación cuando menos desde el periodo Epiclásico (600-1000).

Para determinar el arribo de los Uacúsechas a Tzintzuntzan vale la pena hacer un poco de historia. Tariácuri, héroe cultural de la saga de la Relación de Michoacán, que se convirtió en el unificador del señorío tarasco y gobernaría en Pátzcuaro, estableció tres centros de poder: Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan. Luego los repartió entre su hijo y dos de sus sobrinos: Hiquíngare, Hirepan y Tangánxoan, respectivamente. A la muerte de Hirepan, asentado en Ihuatzio, Tzintzuntzan pasó a ser la ciudad más importante en la primera mitad del siglo XV. Tangánxoan I es quien, según la Relación de Michoacán, “reedificó” esta ciudad por órdenes de la diosa Xaratanga, pues al parecer su culto se había abandonado.

Tras la muerte de Tangánxoan asume el poder Tzitzispandácuare (1454-1479), el cual traslada al dios principal de los tarascos, Curicaueri, junto con sus ofrendas, a la ciudad, y logra que su señorío se extienda hacia otras zonas, al hacer entradas al valle de Toluca y Xocotitlán, así como a Colima y la ciudad de Zacatula, en Guerrero. Su descendiente, Zuangua (1479-1520), continúa el proceso de ampliación del señorío y consolida los límites del este. Zuangua supo de la llegada de los españoles a Tenochtitlan, pero murió justo antes del arribo de los primeros españoles a Michoacán. Finalmente fue Tzinzincha Tangánxoan II (1510-1530), quien siendo muy joven pactó con Cristóbal de Olid la entrega del territorio, y murió al poco tiempo a manos de Nuño de Guzmán, después de un juicio injusto y de padecer tortura.

Actualmente, las exploraciones en Tzintzuntzan se han concentrado en la zona de la Gran Plataforma y en la plataforma conocida como La Tira. Sobre la Gran Plataforma se hallan cinco yácatas, además de otras estructuras entre las que destaca el Edificio B o Palacio, el cual es una serie de cuartos que se distribuyen alrededor de un patio que debió de tener columnas para sostener la techumbre de un posible corredor.

Existieron otros tipos de espacios que las fuentes históricas nos marcan, pero que no se han localizado arqueológicamente, como La Casa de las Águilas, la Casa de las Plumas de Papagayos, la Casa de las Plumas de Gallina (guajolote), el juego de pelota, los baños llamados Puque huringuequa, donde se hacían sacrificios para los dioses de la mano izquierda llamados Viranbanecha; el zoológico, la cárcel, el mercado y las trojes, que eran los cuartos donde se guardaban todos los objetos que poseían los señores y se almacenaban los productos de las distintas cosechas.

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