Las Yacatas de Tzintzuntzan, Antigua Capital del Señorío Tarasco.

El pueblo de Tzintzuntzan se encuentra situado junto al lago de Pátzcuaro en el estado de Michoacán. Su nombre es toda una poesía, pues significa en lengua purépecha “donde se encuentra el templo del colibrí mensajero” o “lugar de colibríes”. Tzintzuntzan debe su existencia a Tariácuri, primer monarca que la fundó en el año de 1325 y posteriormente se convirtió en sede del poder político del Señorío purépecha bajo el mandato de Zinzinpandacuare.

Para los purépecha el colibrí era un ave sagrada, ya que representaba al dios mítico Tzintzuuquixu, El Colibrí del Sur, quien había guiado a los purépecha al lugar donde fundaron su imperio, y porque fue un héroe cuando, pasado un tiempo después del terrible diluvio que arrasó con los hombres recién creados, Tezpi, un hombre muy inteligente, y su parentela pudieron salvarse del horror del agua gracias a su ingenio. Tezpi construyó una canoa con madera de ciprés, metió en ella a su esposa, sus hijos, granos de maíz y muchos animales, y se fue navegando cerca de las nubes. Pasado un largo tiempo, las aguas del diluvio empezaron a bajar, y Tezpi envió a Curitze, el Zopilote, a inspeccionar la Tierra, pero el ave no volvió por andarse comiendo los cadáveres que encontraba. Decidió entonces mandar a Tzintzuni, el Colibrí, que regresó con las plumas llenas de olor y reflejos de la naturaleza, y con una flor en su piquito que indicaba que ya se podía habitar la Tierra. Entonces, Tezpi decidió bajar al mundo para volver a poblarlo, pues supo que Colibrí tenía razón, ya que era un mensajero del dios Sol.

En la zona arqueológica de Tzintzuntzan se encuentra un centro ceremonial – al cual se conocía, antiguamente, con el nombre de Taríaran, Casa del Viento- sobre el cual se encuentran cinco yácatas, plataformas escalonadas y bases de los templos donde se adoraba a los dioses de la religión indígena y se llevaban a cabo ceremonias religiosas. El vocablo yácata proviene del náhuatl yacatl que significa “nariz”. Aun cuando otros investigadores le atribuyen el significado de “amontonamiento de piedras”.

Las primeras yácatas que se construyeron eran de cuerpo rectangular, a las posteriores se les agregaron construcciones redondas en la parte de arriba. Su construcción es diferente a la de otras pirámides de Mesoamérica ya que en ellas se emplearon piedras sueltas recubiertas con lápidas de yanamu (especie de piedra volcánica) pegadas con arcilla.

Según el arqueólogo Román Piña Chan, el centro ceremonial …se compone de una gran terraza artificial, con cuerpos escalonados que se van adaptando a los accidentes del terreno, al parecer existió una amplia escalinata en la parte central, por la cual se ascendía a ella. Sobre esta terraza se construyó una larga plataforma, y se alinearon de suroeste a noroeste cinco yácatas o basamentos que combinan la planta circular con la rectangular; aunque desde luego hubo varias épocas de construcción.

La plataforma más grande del centro ceremonial mide 450 x 250 metros, hacia el este se encuentran las cinco construcciones mencionadas. Si bien en ellas se adoraban a varios dioses, fueron edificadas principalmente para Curicaveri y sus cuatro hermanos llamados los Tiripeme. Tirepenier Xungapi fue el dios de Pechataro, a Tirepeme Turupten le correspondido serlo de Ilamucuo, Tiripeme Caheri fue venerado en Pareo, y Hurendequavecara fue el dios de la localidad de Curinguaro.A decir del arqueólogo José Corona las yácatas representan las cinco flechas que un gran señor llamado Uacús Ticáteme colocó en la cima del Monte de Tzintzuntzan, en cuya parte baja se encuentran las famosas yácatas.

Reconstrucción Hipotética creada por Santiago Ferreyra / ADV Estudio.

En la parte Noroeste de la Gran Plataforma se encuentra localizado un patio que alberga a un grupo de habitaciones de las que solamente se pueden ver los cimientos de las columnas que sostenían sus techos, en donde fueron encontrados huesos humanos que sugieren haya sido un almacén de cadáveres que iban a ser incinerados, restos que se encuentran cerca de un altar.

Las yácatas, además de fungir como edificios de adoración a los dioses, también fueron tumbas de los señores principales de Tzintzuntzan, como los cazoncis, los sacerdotes y los guerreros a los que se enterraba junto con las ofrendas que se destinaban a los muertos, para que accedieran al Más Allá sin perder su boato.

Texto: Sonia Iglesias y Cabrera

El Petamuti / Sacerdote mayor Uacusecha-Purepecha.

El sacerdote mayor o petamuti era el principal sacerdote, el que estaba sobre todos los demás sacerdotes. Era, entre otras cosas, el encargado «de la leña de los fogones del dios del fuego». Una de sus funciones principales era hacer la justicia general en la fiesta llamada Equataconsquaro en nombre y por mandato del cazonci. El petamuti llegaba con gran ceremonia al patio acompañado por los señores, caciques y oficiales del cazonci, y sentado en una «silleta» oía durante veinte días, desde la mañana hasta mediodía, las causas que se le presentaban. Los querellados le presentaban distintas pruebas en contra del acusado, dependiendo del delito cometido, y con base en ellas el petamuti consideraba si éste era culpable o no. Si el malhechor había cometido el delito menos de cuatro veces lo perdonaba y lo entregaba a sus parientes, pero si incurría en el delito por cuarta vez lo condenaba a muerte. 

La Relación de Michoacán. impartición de justicia.

Como parte de la ceremonia en que se hacía justicia, el petamuti contaba la historia de los antepasados del cazonci, la cual está contenida en los capítulos 2 a 34 de la segunda parte de la Relación. También otros sacerdotes «menores» (probablemente de los llamados curitiecha), enviados por el propio petamuti, contaban la historia por los pueblos. Al terminar la historia, el petamuti dirigía un largo sermón a la gente que estaba reunida en el patio y después mandaba ejecutar las sentencias. A algunos los mandaba matar y a otros los mandaba encarcelar para que fueran sacrificados después en la fiesta de Cuingo. El razonamiento que hacía el petamuti consistía básicamente en un recordatorio de las promesas que la gente de los pueblos conquistados había hecho a cambio de no ser sacrificada (hacer sementeras, llevar leña para los templos y ayudar en las batallas) y que no habían cumplido, razón por la cual se hacía la justicia. Especialmente parecía dirigirse a los caciques a quienes les recordaba la vida ejemplar de Hiripan, Tangaxoan e Hiquingaje, comparándola con el exceso de lujos y de buena vida que ahora ellos se daban, y haciéndoles notar el inclumpimiento de sus promesas y su ingratitud.

La Relación de Michoacán. Relatando la historia del linaje Uacusecha.

Terminada la justicia general, el petamuti iba a la casa del cazonci quien salía a recibirlo y le daba las gracias. Después de hacer la salva a los dioses, el cazonci ofrecía una comida al petamuti y a la gente que lo acompañaba. Aunque algunos casos, en especial los más graves pero no únicamente, los juzgaba el cazonci, parece ser que siempre se presentaban primero al petamuti y éste los turnaba al cazonci. El petamuti también era el juez en las causas matrimoniales. Ante él se presentaban los que deseaban deshacer su matrimonio, el petamuti los amonestaban para que permanecieran unidos pero si se presentaban más de tres veces permitía la separación. También resolvía los casos de adulterio y otros, como los casos de segundos matrimonios, abandono, maltrato, etcétera.

Sacerdotes y oficiales de las cues. Al centro el Petamuti.

El petamuti también era la figura principal en la ceremonia de «alzamiento» de un nuevo cazonci. Cinco días después de la elección, el petamuti iba a la casa del cazonci electo acompañado por los señores y caciques y, después de saludarse, le decía: «señor, por ti venimos para que entres en la casa de tu padre». Luego, el petamuti encabezaba la procesión que llevaba al cazonci al patio donde lo esperaba la gente y entonces les dirigía un sermón o razonamiento mediante el cual demandaba a la gente que ayudara y obedeciera al nuevo cazonci. Terminaba el discurso diciendo: «Ya habéis visto cómo nos queda rey, que yo le he metido en esta casa; id alegres y contentos a vuestros pueblos».

Petamuti encargado de mantener el fuego encendido.

Cuando el cazonci elegía a un nuevo cacique, el sacerdote mayor (o el gobernador) le dirigía unas breves palabras recordándole, sobre todo, que no tomara las mujeres del cacique muerto. Por lo menos en ciertas ocasiones el petamuti era un intermediario entre la gente y el cazonci. Por ejemplo, cuando el curitiecha que había introducido en su señorío a un nuevo cacique volvía a la ciudad, se lo hacía saber primero al sacerdote mayor y éste a su vez se lo comunicaba al cazonci. También cuando a alguien se le aparecían los dioses en sueños, se lo contaban primero al petamuti y éste se lo decía al cazonci. Pero su intermediación también era en sentido contrario. La justicia la hacía en nombre del cazonci, el razonamiento que hacía al final eran palabras que el cazonci le había enviado decir, al igual que el sermón que pronunciaba cuando alzaban al cazonci nuevo.

Petamuti. Centro ceremonial Tzintzuntzan.

Hay muchos indicios que hacen pensar que el petamuti era el principal de los sacerdotes llamados curitiecha. Como a ellos, le llamaban abuelo, y sus insignias eran las mismas: una calabaza engastonada de turquesas sobre su espalda, el símbolo de que tenía a la gente en cargo; un bordón o lanza con un pedernal en la punta que llevaba al hombro; una guirnalda de hilo (o de «trébol») en la cabeza; unas tenazas de oro en el cuello (colgando sobre el pecho); y un plumaje en el cabello trenzado. Por lo menos algunos señores eran también sacerdotes mayores como, al parecer, era el caso de Zurunban, señor de Tariaran. El petamuti era uno de los sacerdotes a los que llamaban cura o abuelo, el cargo era hereditario y se casaban.